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Viernes, 25 de Mayo  
 
CRONICA Sanabria 2001 De cómo entrenerse en una ascensión en solitario Imprimir
10 de Febrero de 2011

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DE COMO ENTRETENERSE EN UNA ASCENSION EN SOLITARIO - SANABRIA 2001

 

Hoy no es tan temprano. El sol que ha de castigarnos (y que sea así por mucho tiempo) lleva por lo menos más de tres horas por encima del horizonte. Estamos en la Alta Sanabria, denominación que escapa al escaso entender de este humilde cronista, puesto que a juzgar por el tramo de ascensión que nos queda por subir, esta zona debería ser la Baja Sanabria. Aprovechando que aún tengo mis facultades mentales intactas (creo yo), acierto a preguntarme el motivo por el que se han reunido a orillas del Lago de Sanabria más de setenta individuos de diversas cataduras, alborotando y poniendo en pie a todo un pacífico camping. La respuesta la tiene Antonio: hoy nos ha convocado aquí para celebrar la X Subida a la Laguna de los Peces UCKBike 2001.

La celebración de este décimo aniversario y el buen tiempo que nos acompaña ha hecho que la participación haya sido masiva, arrojando un total de 73 asistentes. Van llegando los personajes de turno y preparándose para la ocasión: Bernardo, cámara en ristre, se apresta a narrar, gráficamente, las hazañas de estos héroes; Feli, saludada, abrazada e interrogada por todos los presentes, llega para obsequiarnos la vista y el estómago con dos suculentas empanadas que carga en el coche de avituallamiento; Antonio, con su flamante jersey de campeón de España, intenta poner orden donde sólo hay caos y anarquía.

Sin más, tras los saludos de rigor y las bromas de turno, nos conjuntamos debidamente (no voy a repetir la retahíla de prendas que componen la indumentaria de un ciclista de élite) y nos montamos en nuestras bicicletas para emprender la marcha. Pero, como la salida es en cuesta, el recorrido hasta Ribadelago es optativo y el miedo a la subida es libre, la gente empieza a pedalear cada uno por su lado, y el pelotón, que corría peligro de romperse en la subida a partir de San Martín de Castañeda, no llega ni siquiera a formarse, y a mucha gente es este momento en el único que les veo durante toda la mañana. Por este motivo, este narrador de lo cotidiano, se ha permitido la licencia de escribir esta aventura, a partir de este momento, en primera persona.

Parto, acompañado de Jose, hacia Ribadelago. Son unos 6 Km., dos de ellos de bajada y el resto toboganes. Damos la vuelta en esta localidad y retornamos hacia el camping, donde nos alcanzan Antonio, Luismi y Emilio. De repente recuerdo que no llevo agua en el bidón, lo que, a la vista del lago que tengo a mis pies, no deja de ser, cuando menos, paradójico. Esto hace que me detenga en San Martín de Castañeda a repostar agua, con tan mala suerte que lo hago en una fuente de agua no potable. Opto entonces por parar en un bar de la carretera y pedir que me llene el bidón a una de las acompañantes que nos animan desde la terraza del mismo. Vuelve la suerte a darme la espalda, y la solícita fémina, a la postre esposa de Samaniego, demora el repostaje de mi bidón, hasta que me veo adelantado por su marido (triquiñuelas aprendidas del ciclismo transalpino).

Todos estos incidentes, por llamarlos de alguna manera, hacen que pierda la única compañía que me quedaba hasta ese momento y tenga que realizar la ascensión en solitario, encontrándome a merced de los lobos que abundan mucho por estos parajes, sobre todo montados en bicicleta. Como contrapartida, mi soledad me permite recrear la vista en el magnífico paisaje que se muestra ante mis ojos, sin necesidad de compartirlo con nadie (seré avaricioso). La vista que hay sobre el Lago de Sanabria es espléndida: entran ganas de lanzarse desde aquí emulando a los saltadores de Acapulco. Abusando de esa soledad, permito que mis pensamientos viajen más rápido que mis piernas, y empiezo a pensar en desarrollos y desniveles, en gestas heroicas, en alimentación sana, aminoácidos e hidratos de carbono, en el ya cercano Tour de Francia y en la más lejana Vuelta a España, en los campeonatos nacionales de ciclismo a celebrar en mi tierra, etc...

Cuando quedan dos kilómetros para el final de la ascensión, tengo que abandonar todos estos pensamientos que me han permitido correr tantas pruebas en tan poco tiempo, pero no por el cansancio, sino porque encuentro a Jesús (compañero de desventuras en Asturias) que ha pinchado y juntos emprendemos la caza y captura de los dos leoneses que nos preceden. Llegamos a su altura y hacemos casi juntos el último kilómetro, con algún que otro demarraje, entrando en meta más o menos agrupados. Llegado a este punto me pregunto, ¿todo esto, para qué?. Respuesta: para ver cómo de la obra de arte en forma de sendas empanadas elaboradas por Feli, no queda prácticamente nada de obra y absolutamente nada de arte (los galgos del pelotón han dado buena cuenta de las filigranas que adornaban ambos hojaldres). Esto de los avituallamientos se está poniendo cada día más difícil y disputado (ver crónicas anteriores), al igual que ocurre con los ágapes en las marchas nacionales (ver crónica de Asturias).

Tras el reparador y refrescante zumo, y alguna que otra migaja de empanada, emprendemos el raudo descenso que ha de depositarnos a orillas del lago. Al poco de arrancar (de los últimos, como siempre), nos cruzamos a Antonio, al que nadie había echado en falta. Espero que le quede algo de agua, porque si espera encontrar zumo o empanada a estas alturas, está apañado. Como digo, rápido descenso enlazando curva tras curva, trazando como los pros, con alguna parada para contemplar el paisaje y ver las ruinas de Ribadelago antiguo (¿será morbosidad, o simple curiosidad?). Se puede ver el lago lleno de patines acuáticos de pedales (lástima que muchos de los que andaban tras su busca en Velilla no hayan acudido en esta ocasión) y alguna que otra canoa.

Llegamos al camping y, tras despojarnos de parte de la indumentaria (ver crónica de Asturias para tener una leve idea de la composición de la misma) y poner la bicicleta a buen recaudo, nos dirigimos a las duchas de agua caliente, no como alguno de los galgos del pelotón, que por precipitación y no esperar a los doctos en materia de higiene, se han duchado en las de agua fría (en esto del aseo y cuidado corporal, la veteranía es un grado). Una vez aseados y refrescados, disfrutamos de un aperitivo en la terraza del restaurante y acto seguido al comedor, a disfrutar del menú sanabrés que nos ha reservado Antonio: Alubiones con chorizo, Trucha y Puding, todo ello regado con refrescante vino y gaseosa, y rematado por un café con el correspondiente chorrito (que no gotas) de aguardiente.

Dada la celebración del décimo aniversario de esta marcha, la organización nos obsequia con un polo conmemorativo de tan magnánimo acontecimiento (a ver si cunde el ejemplo). En vista que la prueba de remo que tenía que celebrarse en aguas del lago durante la tarde ha tenido que ser suspendida por falta de material flotante (me refiero a las canoas, no a los michelines), los participantes, tras una breve visita optativa a la playa, comienzan a despedirse unos de otros, quedando emplazados para el reto que les aguarda el día 15 de septiembre en Vegarada. Hasta entonces, a este cronista le tocará pelearse por las carreteras leonesas con alguno de los galgos más despiadados e impresentables que componen este pelotón UCKBikero, si quiere llegar medianamente en forma al susodicho reto. En cuanto a las crónicas, tratará de animar el verano con algún que otro relato, siempre que las vacaciones se lo permitan.

Saludos y feliz verano, UCKBikeros. Volvemos en septiembre.

Última actualización ( 11 de Febrero de 2011 )
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